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9-10-2010

“Vogue entra en quirófano”


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vogue-julio-2010

Durante dos horas y media Carmen Lanchares se convierte en la sombra del Dr. Javier Mato Ansorena mientras realiza una operación de aumento de pecho y una cirugía de nariz (rinoplastia). Esto es lo que escuchó, vió y olió.



Durante ésta última década en la que he asistido a centenares de ruedas de prensa sobre intervenciones estéticas -debidamente ilustradas con fotos y videos-, y en la que he realizado un sinfín de entrevistas a los más prestigiosos cirujanos plásticos, siempre he tenido la sospecha de que existía una tendencia a minimizar un proceso que a mi me parece extremadamente complejo, "sangriento" y arriesgado, cómo para quitarle hierro al asunto.


La verdad es que en este tiempo nada ni nadie había conseguido quitarme de la cabeza esa idea tan "dramática" de la cirugía. Quizás este empecinamiento mío se viese reforzado por cierta predisposición innata a magnificar todo lo que ocurre dentro de un quirófano, así como por mi decidido afán de contrarestar el efecto de quienes han intentado -e intentan- banalizar este tipo de intervenciones, presentándolas como si se tratasedel protocolo de un masaje, o poco más.


Sin perder ese gran "respeto" al quirófano, he de confesar que mi querencia atávica a exaltar esos riesgos hoy ha cambiado, ajustándose más a la realidad actual de la cirugía estética.


El detonante de ese cambio de perspectiva ha sido el poder asistir , en directo e in situ, a una intervención de estética. Una oportunidad que ha venido de la mano del doctor Javier Mato Ansorena, cirujano plástico y estético, director de las Clínicas Mato Ansorena de Madrid, Sevilla y Huelva, quien nos ha permitido ser espectadores privilegiados de una doble operación de aumento de pecho y rinoplastia.


Sin cristales ni mamparas de por medio, hemos podido observar, oír e incluso oler todo lo que se "cuece" en la sala de operaciones. Adelante.


Todo está controlado. Esa es la primera impresión que me transmite el doctor ennuestra primera charla, una conversación que servirá también para exorcizar mis temores y prejuicios antes de enfrentarme a una experiencia que, por desconocida, me inquieta...¿caeré desmayada? ¿resistiré la visión de la sangre y la ejecución de las suturas, o me vendré abajo?. Por un lado estoy ávida de conocer de primera mano lo que tantas veces he oído; por otro, temo no estar a la altura de las circunstancias.


En primer lugar, el Dr. Mato me habla de Sara martínez, la paciente, a la que conoceré minutos más tarde. "La decisión de Sara (23 años) de operarse se produjo al ver los resultados de una cirugía de pecho que realicé a su hermana unos días antes. Era un pecho difícil, muy pequeño, tuberoso. Requería algo más que poner un implante", comenta el cirujano.


Sin embargo, el problema que llevo a Sara a consulta no fueron sus senos - aunque también deseaba un aumento y mejora -, sino su nariz: "Llevo tres años dándole vueltas al tema, porque mi complejo, desde pequeña, ha sido mi nariz; y a pesar de que todo el mundo me decía que no estaba tan mal, siempre me ha parecido horroroso mi caballete. Llevo media vida evitando que me saquen fotos de perfil y adecuando mi peinado para disimularla - nos cuenta la paciente minutos más tarde -. En cuanto al pecho, aunque no era mi prioridad, cuando vi cómo le quedó a mi hermana y puesto que ya me había decidido a entrar al quirófano para la rinoplastia, me dije: ¿para qué esperar?. Quiero tener más pecho, rellenarlo también por arriba porque lo tengo caído, para que me siente mejor la ropa y olvidarme de los sujetadores y biquinis con relleno. Aunque el doctor me ha aconsejado que no me ponga demasido volúmen, porque iba a perder naturalidad, yo quiero un pecho grande". Está decidida.


"Aunque no comparto su decisión -dice el doctor- porque personalmente me gustan los pechos más pequeños, en estos casos en que veo que no duda lo más mínimo, sirve de poco intentar disuadirlas porque eso puede conducir a una segunda operación para ponerse más talla." No obstante, para no dar lugar a confusión, en la primera consulta les muestra distintas prótesis y, delante de un espejo, con ayuda de un calibre, les va dibujando hasta dónde les llegaría la mama según la prótesis que desean. "Al menos para que se hagan una idea de cómo puede quedar. Mi consejo siempre es que se preocupen de estar bien cuando se ven desnudas porque, en un momento dado, si un día quieren lucir un pecho más sexy o voluptuoso, pueden conseguir ese efecto con un sujetador que las realce, suba o junte más el pecho. Les sugiero que intenten que prime la naturalidad, porque un polo superior muy elevado o que se note el contorno de la prótesis no me parece estético".


Antes de entrar en los detalles del proceso quirúrgico en la operación de pechos, hablamos sobre el vasto universo de las prótesis mamarias. Para el doctor es imprescindible que sean de gel cohesivo: "Utilizo dos marcas que, aunque son de las más caras, son las que me dan más garantías. No quiero que me pase lo que sucedió con las PIP en Francia, que se rompían muy frecuentemente y al investigar vieron que la manufactura dejaba mucho que desear".


Tiene claro que en esto no hay que escatimar en el precio. Sin embargo, a diferencia de otros colegas, Mato Ansorena no muestra especial preferencia por las prótesis anatómicas o redondas, o la vía de acceso: "No siempre hay que hacerlo todo de la misma forma. Por ejemplo, la vía areolar no debe utilizarse en pacientes con areola muy oscura porque la cicatriz, por muy bien que quede, al ser blanquecina se notará más. Hay que individualizar cada intervención, estudiar cada caso, saber qué deportes hacen, su estilo de vida". Y muestra de esta filosofía es la operación que realizará al día siguiente. "Vamos a abordar la intervención por vía submamaria en vez de axilar, que suele ser lo habitual en pacientes jóvenes cómo ella. Ello obedece a dos motivos, por una parte Sara quiere un tamaño grande de pecho y además tenemos que hacer una corrección de la forma tuberosa. Aunque los implantes de mamas se ponen normalmente bajo el músculo, porque se nota menos y es más fácil para las mamografías, ya que el plano del músculo queda entre la mama y la prótesis, en este caso es preferible ponerlo por encima, ya que Sara tiene un pectoral muy potente - ha practicado mucho el tenis - y puede que al mover el músculo tenga problemas".


En un momento dado, interrumpo la conversación para manifestarle mi extrañeza de que realice una doble intervención de aumento de pecho y cirugía de nariz. ¿No tiene más riesgos? ¿El postoperatorio no es más complicado?.."No necesariamente. Soy muy partidario de hacer este tipo de cirujías, siempre que no rebasen un tiempo determinado - nunca más de 6 horas -, ya que para las pacientes son todas ventajas. Cuando, como en este caso, se tiene bien claro que se quieren corregir dos inestetismos, si las intervenciones no se hacen a la vez, la paciente tendrá dos postoperatorios, dos momentos de tensión y de estrés...".


Es también más económico, puntualiza. "Cuando haces cirugías asociadas, el principal problema es que sean dos intervenciones de envergadura, por ejemplo, un abdomen grande y una reducción mamaria. Ahí si que hay que tener en cuenta que la paciente pueda resistirlo, que esté muy bien preparada física y anímicamente".


Retomando el hilo de la charla, el doctor Mato apunta que es muy importante informar al detalle sobre el proceso, que las pacientes sepan las complicaciones que pueden surgir, y lo que pueden esperar de cada intervención: "Por ejemplo, el pecho se puede ver de una forma cuando se está de pie, pero a veces cuando se levantan los brazos, se puede notar uno más pequeño, más alto o que se desplaza hacia afuera. Es importante que la paciente también lo sepa, puesto que, cuando se pone el implante, esos defectos se pueden potenciar, ya que la prótesis se acopla al espacio que hay. Si una mama sube más, es posible que también suba más cuando tenga el implante". Tras una hora de conversación, me voy haciendo ya una idea de la cirugía de aumento de pecho que veré.


A veces el doctor pone música clásica, me susurra la ayudante, cuando ve que reparo en la melodía de fondo. Hoy se ha optado por un hilo musical variado - Pink Floyd, Cat Stevens, Dire Straits - en el justo volúmen para no interferir con el resto de los sonidos.


Una vez comprobado que Sara está perfectamente anestesiada y con las constantes en orden, el cirujano empieza a cortar con el bisturí eléctrico por las marcas que ha dibujado. Dos cosas me llaman la atención: a medida que va haciendo la incisión sale humo y huele a carme quemada (lógico). La segunda es que apenas sangra. Claudia, la cirujana que le ayuda, va aspirando. Con gran meticulosidad va despegando la zona y el doctor Mato Ansorena me pide que me ponga a su lado para mostrarme cómo es la cavidad, dónde está el músculo, la intersección..


Tras inyectar antibiótico, empieza a introducir la primera prótesis de prueba - siempre hace varias pruebas antes de optar por los implantes definitivos -. En la mama derecha pone una prótesis de 400cc. Pide que se incorpore la camilla para ver el efecto, con la paciente sentada. No queda mal. Se vuelve a bajar la camilla y pone, en la mama izquierda, una de 450cc. Vuelven a sentar a la paciente para comparar resultado. "Es muy importante sentarlas porque en esa posición es como mejor se ve cómo se expande, cae y proyecta la mama. Cuando las ves tumbadas no te das cuenta" me dice.


Tras un par de pruebas, a la vista de los resulyados y teniendo en cuenta los deseos de sara, se opta definitivamente por las de 450cc, unas prótesis de silicona cohesiva soft touch redondas texturadas. Una vez colocadas, se empieza a coser minuciosamente... Mientras, se va preparando el campo para realizar la cirugía de nariz o rinoplastia.


"Se realiza una incisión marginal e intercartilaginosa - explica el doctor . Luego se despega el dorso". Entonces, empieza a limar cuidadosamente el caballete. Para. Observa cómo está quedando, y decide limar un poco más.Va sacando con unas pinzas los diminutos fragmentos del cartílago. Después, coge un pequeño martillo metálico, que recuerda a los que usan los jueces, para romper los huesos nasales. "Es para que se estreche la nariz". Se oyen los golpes, precisos, hasta que suena un crack sordo que indica que los huesos se han partido. Una vez conseguida la forma deseada, se dan puntos de sutura internos - unos 10 - y se pone la escayola.


Cuando un par de día más tarde, hablamos con Sara, nos cuenta que recuerda el despertar como algo placentero. "Tenía unas ganas locas de ver el resultado, y también de saber qué le parecía a mi familia. Ha sido impactante mirarme al espejo y verme con todo ese vendaje en la nariz, pero contaba con ello". Por la tarde, al no haber ninguna complicación, decidió regresar a su casa - eso si, con el compromiso de guardar reposo, no mover los brazos, ni hacer esfuerzo. "Me parece mentira que en un par de horitas haya podido hacerme todo esto y sobre todo haber zanjado una asignatura pendiente".


Está feliz con el tamaño de su nuevo pecho, le parece perfecto. "Pensé que tras la operación tardaría unos días en ver el resultado, pero el Dr. Mato tiene por costumbre no vendar, así que nada más subir a la habitación pude ver cómo había quedado. ¡Qué emoción!. Era justo lo que quería. A pesar de que todo el mundo me decía que era una barbaridad, teniendo en cuenta mi estatura.


En cuanto a su nariz, tendrá que pasar una semana hasta que le quiten la escayola. Pese a lo aparatoso que parece, comenta que, sin embargo, no le ha dolido nada. "Eso me tiene loca. Lo único que me molesta son los tapones de la nariz: son muy incómodos a la hora de comer o beber. La parte más desagradable es tener que respirar por la boca, si o si. En cuanto al pecho, me tira al tumbarme y levantarme".


A la semana siguiente de la intervención, en cuanto le quitaron la escayola, Sara se incorporó a su trabajo de esteticista. "Lo único que noté fué que al final de cada día notaba la zona del pecho cargada, pero puede realizar mi trabajo sin problemas."


Nos citamos de nuevo con Sara, a mediados de septiembre. Está cómo en una nube... Desde luego la nariz ha quedado perfecta, y su rostro sigue siendo el de ella. No se ha transformado.


Cuenta que la operación no le ha impedido irse de vacaciones. "Me fuí a la playa, cargada de sombreros (imprescindibles para protegerse la nariz), con un nuevo surtido de sujetadores, con aro y sin aro, todos de la talla 100 C, y muy emocionada por poder lucir, ¡por fin!, un biquini sin relleno. me compré un vestido blanco con escote palabra de honor y camisetas ajustadas...Mi sueño hecho realidad", explica entusiasmada. Entonces recuerdo lo que decía el doctor Javier Mato Ansorena la víspera de la operación cuando me comentaba que aún le resultaba curioso que algo que parece tan banal, y que gran parte de la sociedad contempla cómo frívolo contribuye al final a que en un 98% de los casos existan pacientes felices y satisfechas.

 


                                           


Carmen Lanchares - Revista Vogue


 

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